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El compromiso como arco de triunfo de un congreso
Víctor Manuel Domínguez
La Habana, Cuba - Septiembre (Lux Info Press / www.cubanet.org) - La celebración del XIX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), bajo el compromiso de lograr nuevas hazañas, evidencia que se hablará más de lo mismo sin alcanzar los niveles de vida que la clase trabajadora necesita y merece.
Plantearse la realización de "otras proezas" laborales dentro de un contexto social donde "las manifestaciones de corrupción, delito, ilegalidades, inercia, negligencia, parasitismo, derroche, ineficiencia e indisciplinas dañan nuestra vida, destruyen valores y pueden poner en peligro la existencia de la revolución", como señalara Jorge Luís Canela en un artículo publicado en el semanario Trabajadores, no sólo resulta una utopía, sino también la desgastada fórmula retórica de perder y ganar tiempo en espera de nuevas ocasiones para un triunfalismo de panfleto que sólo aporta al pueblo un sostenido dolor de cabeza.
En medio de esta caótica situación, avalada por las expresiones hasta ayer inéditas de un alto funcionario, quien expresó que "la clase trabajadora cubana no tiene cultura laboral", resultará imposible acudir al enaltecimiento de los consabidos valores morales de la sociedad, la entrega desinteresada a la causa de la revolución, la conciencia y productividad, entre otros eslóganes que, por falsos, jamás llegan a la mesa.
Si, por una parte, se dice que "la pasividad y el conformismo nunca han sido características de los trabajadores cubanos" ¿cómo es posible tamaño estancamiento en la producción y los servicios, en los niveles de capacitación del trabajador, en el recurrente descontrol del aprovechamiento de la jornada laboral -causante de pérdidas millonarias-, y en el incumplimiento de planes y abandono de proyectos que permiten toda una realidad en franco retroceso socio laboral, más allá del despegue de algún que otro sector que poco aporta al bienestar del pueblo?
¿Será porque la atención al hombre es insuficiente? ¿Tal vez porque los bajos salarios, las cadenas de "impagos", las ínfimas condiciones de trabajo, la manipulación de supuestos estímulos, el condicionamiento ideológico para obtener mejoras dentro del centro laboral y otros desaciertos, muestras de incapacidad y rigor partidista de los dirigentes sindicales y administrativos sumen al trabajador en la inopia moral?
Para exigir hay que pregonar con el ejemplo, crear las condiciones idóneas de trabajo, remunerar justamente, a tiempo y en cuantía suficiente el monto del salario, para entonces poder cumplir el compromiso moral de borrar la insatisfacción mostrada por el pueblo ante los insuficientes resultados productivos, no sólo en el sector alimenticio del país.
Levantar un arco de triunfo entre los días 25 y 27 para el desfile de los logros de la clase trabajadora, sin proponerse sanar en esta marcha triunfal de septiembre las heridas abiertas en un movimiento obrero ensordecido en su batalla contra los demonios de la incapacidad sindical y el desinterés político y administrativo, será, si así sucede, una victoria a medias contra el olvido. O lo que sería peor; un doblar de campanas por lo más humilde y útil de la sociedad: el trabajador.
LUX INFO-PRESS
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